Cuando empecé a escribir estas humildes letras de manera más o menos recurrente pensé, pues muy bien, voy a hacer algo nuevo, no sé qué tal se me va a dar porque nunca he escrito más allá de dos palabras seguidas, pero yo lo voy a intentar.
Resulta que ahora se me plantea otra duda, no empezar sino todo lo contrario. Os diré algo, yo estoy encantada, pero a ver si alguien me puede responder por favor a esta pregunta: ¿existe persona que se precie que no escriba un blog?
Actores, modelos, cantantes, periodistas, escritores y un largo etc. lo tienen. ¡Jolín! No hay día que pase que no descubra alguna nueva «famosa» haciendo lo mismo que yo en este preciso momento. Y si hablamos ya de desconocidos el número se aproxima seguro al infinito, aunque por suerte «ojos que no ven, corazón que no siente». Mira que buscamos siempre la originalidad, pues en este caso voy lista. Llegué tarde. Todos tenemos un blog.
¿Que una amiga se compra el vestidazo con el que no podrías verte más delgada, o ese bolso de marca que siempre me ha gustado? Pues me aguanto. He llegado tarde. Si quieres marcar un poquito la diferencia ten lo que otros no tienen, y haz lo que otros no hacen. Así que si me aplico el cuento, yo debería…
Ay dios mio, ¿qué hago? Tengo un serio dilema existencial. Justo cuando empezaba a cogerle el gustillo a esta pequeña ventanita al mundo, va y me asalta la duda. Pensándolo bien yo tengo una motivación, mi querida firma Anocheció, que tiene poquito tiempo de vida y que fué la que me sirvió de «excusa» para abrir este blog. Necesita todo el cariño del mundo para poder crecer como dios manda, y todo medio para hablar de ella es necesario. Pero tú, ¿por qué? Ya te lo digo, para fastidiarme a mí.
Meditemos.
Después de hacerlo he llegado a una conclusión. ¿Por qué lo tengo que dejar yo? Que lo hagan los demás. Me divierte, estoy empezando, aprendiendo, es entretenido, un pequeño reto, puedo expresar mis ideas…¿creeis que hago bien? E iré más allá, uno de estos días os contaré cuales son mis blogs favoritos y por qué. A ver si coincidís conmigo. Si no puedes con el enemigo, únete a él. Gran dicho.
Y pensándolo bien, ¿qué hace una economista cuyo lenguaje incluye rentabilidades, márgenes y tasas de descuento escribiendo este post? ¡Bien, soy original! Puedo decir sin ningún tapujo, tengo un blog.
………………………….
¡La playa me espera! Pasad una estupenda Semana Santa, aprovechad cada momento, que ya sabéis que todos y cada uno de ellos son únicos.
Por fin parece que el buen tiempo ya se queda, y con la primavera nos encontramos con una de las mejores épocas para vestir una de nuestras prendas para dormir. Hay una hecha a medida para tí. En mi maleta esta vez va nuestro camisón Sancha, ¡a que es bonito!
Cuando mi amiga Marta me comentó allá por navidad que a finales de abril se iba de viaje a Tierra Santa con unas amigas pensé, qué bien, y ahí quedó la cosa. Y hace como un mes y medio comentándoselo a mi madre me dijo que por qué no me apuntaba con ella, y así hice. La llamé pensando que iba a ser ya muy complicado porque estos viajes en grupo se cierran con bastante antelación, pero sí, hubo suerte y me pude unir a ellos.
La gente conocida que ha estado en Israel me dijo de manera unánime que me iba a encantar, y efectivamente tenían razón. La tierra de la Fe…Para una persona cristiana no existe un lugar equiparable a este. Soy creyente aunque no practicante, pero desde luego este sitio tiene algo muy especial y vuelves de alguna manera renovada. Doy fe.
Ha sido un viaje de una semana, y hemos tenido la suerte de viajar con un grupo estupendo, organizado por un colegio agustino, y con el que hemos tenido una convivencia inmejorable. En este tipo de viajes es muy importante crear un ambiente idóneo ya que pasas prácticamente todo el dia con ellos.
Es complicado poder resumir todo lo que hemos visto, pero intentaré hacerlo, a ver si lo consigo.
He de decir que tuvimos mucha suerte con la persona que hizo de guía para nosotros toda la semana. Demostró gran conocimiento tanto de la historia pasada como de la situación actual del pais, lo que fué una gran suerte. De lo primero que nos comentó fué la diferencia entre israelí e israelita. Los primeros son aquellas personas que habitan en el moderno estado de Israel, con independencia de su religión, mientras que israelita es aquel descendiente del patriarca bíblico Jacob.
Aunque Israel sea un estado judio, es el hogar de personas de diferentes orígenes étnicos. El más numeroso es el de los judios, seguido de ciudadanos árabes en su mayoría musulmanes, y por último un número más pequeño de cristianos, así como drusos y otras minorías. Como resultado algunos israelíes se identifican tanto por su nacionalidad como por sus orígenes ancestrales.
Los tres primeros días vimos la parte norte del pais para posteriormente ir bajando. Nazaret, Tiberiades y Belén, antes de llegar a Jerusalén. Visitamos Banias, la Cesarea de Filipo de los evangelios (una de las fuentes) donde renovamos nuestro bautismo a orillas del rio Jordán. Estuvimos en Cafarnaum, paseamos por el lago Tiberiades (llamado también mar de Galilea) y subimos al Monte de las Bienaventuranzas.
Llegamos a Belén (nombre que significa Casa del Pan) después de conocer el Mar Muerto, al que llegamos por el Valle del Jordán, y visitar la ciudad más antigua del mundo, Jericó.
Belén, situada en la montaña de Judá y sólo a 9 kilómetros al sur de Jerusalén, cuna del rey David y Jesucristo, donde se encuentra la basílica de la Natividad, lugar en el que los cristianos conmemoran el nacimiento de Jesús. La entrada a la misma se hace por una puerta diminuta donde hay que agacharse mucho para poder entrar.
Después de conocer Belén finalizamos el día en Jerusalén, ciudad en la que pernoctamos cuatro noches hasta nuestra vuelta a Madrid. Para llegar a esta ciudad bajamos por la denominada franja de Gaza y Cisjordania, separada en tres zonas. La llamada zona A corresponde a territorio palestino. La zona B, zona palestina ocupada por asentamientos israelíes y la denominada zona C, territorio israelí. Existen en Israel más de ochocientos kilómetros de muro que separan dichas zonas. No existe la libre circulación entre ellas, un ciudadano israelí no entra en territorio palestino, y existen controles policiales en todos los lugares de paso. Sería demasiado difícil comentar el conflicto israelí-palestino, en curso en la actualidad y que remonta sus inicios a principios del siglo XX.
Jerusalén, la ciudad más poblada de Tierra Santa, con unos 750.000 habitantes. Corazón del Judaismo y del Cristianismo, también considerado sagrado por el Islam. Situada en los montes de Judea, entre el mar Mediterráneo y la ribera norte del mar Muerto, se ha extendido bastante más allá de los límites de su Ciudad Vieja. Esta última fué declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1981.
Caminamos por la Vía Dolorosa hasta llegar al Santo Sepulcro. En la Iglesia del Santo Sepulcro está el Calvario donde fue crucificado Jesús, así como el «Sepulcro del Salvador». Se encuentra bajo la custodia de diversas confesiones cristianas, entre ellas, armenios ortodoxos, católicos ortodoxos y católicos romanos. Es el lugar más santo del cristianismo.
Visitamos el Museo de Israel, el monte Sión así como el Monte de los Olivos con su histórico Huerto y su maravillosa panorámica de la ciudad desde la cumbre. La Iglesia de María Magdalena, la Tumba de la Virgen María, así como las principales iglesias y basílicas de la zona. El Muro de los Lamentos y Explanada de las Mezquitas.
Visitamos también la zona de Samaria, donde está el Pozo de Jacob en la Iglesia del encuentro de Jesús con la samaritana. Nos contaron como los judios de la zona de Judea no se trataban con los samaritanos, judios mezclados con asirios y por tanto considerados inferiores por los primeros.
Finalmente y después de una intensa semana (imposible mencionar todos los lugares en los que hemos estado) conocimos brevemente Tel Aviv, cuyo nombre significa «Colina de Primavera», capital económica de Israel. Ciudad moderna, ha ido multiplicando su población de manera exponencial. Famosa es su espectacular playa (última foto), y se ha convertido en un popular destino turístico debido a su carácter cosmopolita y moderno.
De este viaje me quedo con cuatro fotos, y os diré por qué:
La primera es una foto mía en el mar Muerto, y es muy simple, me encanta la playa y el mar. No me pueden dar más vida.
Esta segunda foto por su emotividad. En la cripta de la basílica de la Natividad de Belén se encuentra el lugar tradicional donde la Virgen María dio a luz a Jesús. Una estrella de plata marca el lugar. Cientos de miles de peregrinos visitan este lugar y besan la estrella. Desde la basílica se transmite la Misa del Gallo por televisión a todo el mundo.
Y finalmente el Muro de las Lamentaciones, me quedé realmente impresionada al conocerlo y ver a los judios rezar. Uno de los muros del que fué el templo de Herodes, es el lugar sagrado más importante para los ellos. Entre las piedras que componen este muro, los fieles ponen pequeños papeles con sus peticiones. Yo dejé la mia. En dicho Muro, en el que hombres y mujeres están separados, los judios oran para que Dios vuelva a Israel, piden por el regreso de los exiliados judíos y por la venida del Mesías judío. Lo visitamos tanto de día como de noche, y en ambos casos mereció la pena.
Después de una semana intensa y de pasar no pocos controles en el aeropuerto de Ben Gurión (los israelitas son muy desconfiados) regresamos a Madrid, con la plena sensación de haber hecho un viaje inolvidable.
Si tenéis ocasión de visitar Tierra Santa desde aquí mí total recomendación a hacerlo. Y con ella me despido.
«Nunca pierdas la fe, los mejores comienzos vienen de los peores finales».
Siempre me gustaron los tatuajes. Desde hace muchos años hacerme uno era algo que tenía en mi página de temas pendientes. Pero siempre hubo un par de pequeños problemillas: mi poco aguante al dolor y mi fobia a las agujas. A principios de este pasado verano un día en la playa de mi querida Marbella de repente lo «decidí», por fin me iba a animar y mi autorregalo de cumpleaños este año iba a ser ese, hacer algo que siempre quise hacer. Así que en cuanto volví a Madrid llamé para no echarme atrás y casualmente me dieron cita justo ese día.
Un tatuaje dice algo de tí, de cómo eres y de qué es lo que te gusta. Existen muchas teorías acerca la personalidad de cada uno según donde o qué tipo de tatuaje llevas. Que si está en el lado derecho tienes las ideas más claras, que si es en el izquierdo refleja introversión, que si está en el hombro quien lo lleva es alguien deseoso de ser útil… y así un largo etc. Yo personalmente no creo mucho este tipo de cosas, es mucho más sencillo, aunque es cierto que refleja algo que te gusta, la necesidad de guardar un recuerdo para siempre o la expresión de algo con valor sentimental para uno mismo.
¿Por qué os cuento todo esto? Retomo el primer párrafo. Llegó el día y despues de los nervios previos y del ratito regular que pasé salí no con uno, sino con dos pequeñas marcas. Tenía claro uno de ellos, la luna que ahora llevo en mi muñeca, pero también me gustaba el que finalmente me hice en el tobillo, tres pequeñas estrellas azules. Ya que me había decidido a pasar un mal rato no quería quedarme con las ganas, ambos tienen un por qué. Y ya lo más importante, salí feliz. No hay nada que te haga sentir mejor que hacer algo que siempre has querido y por el motivo que sea nunca has llevado a cabo.
Aquí va la moraleja por la que os cuento algo que puede parecer sencillo o una bobada para muchos. Atrévete a hacer aquello que desees, sin miedo, sin mirar atrás y sin darle excesivas vueltas, tu recompensa será inmensa. En mi caso hice algo que siempre me gustó pero a lo que nunca me atreví, y lo único que lamento es no haberme animado antes.
Esto podemos aplicarlo a cualquier ámbito de la vida. La gran mayoria de nosotros en algún momento de nuestra vida nos hemos planteado algún tipo de cambio, sea profesional o personal, que inicialmente nos ha asustado. ¿Y cuántos de nosotros nos hemos atrevido superando ese miedo inicial? Algunos sí, otros no, pero estoy segura de algo, si no lo intentas nunca sabrás si ha merecido la pena.
En mi caso espero haber aprendido la lección, y no descarto volver a superar ese miedo.
Si quieres algo, simplemente hazlo, muchas veces las cosas son mucho más sencillas de lo que parecen.
Este post va a ser muy cortito (al menos eso creo al empezar a escribir), pero ahora que tengo esta ventana para compartir con vosotros lo diré bien alto, ¡bienvenida primavera!
Solo con leer esta frase os podeis imaginar lo poquito que me gusta la estación previa. Odio el invierno. Simple. No le veo casi nada bueno, así que estoy feliz con que oficialmente haya pasado ya.
Alegría, vitalidad, ganas, luz, energía, días largos, aperitivos al sol, fuera capas de ropa, primeros rayos de sol, piernas al aire, viajar, escapadas, Marbella, nuevos propósitos, música, ganas de ponerse en forma, calle, paseos, ese estilo bohemio en el vestir que tanto me gusta, … todas estas palabras desordenadas me vienen a la cabeza casi sin pensar con la llegada del buen tiempo.
En mi caso es también época de propósitos, esos que se suelen hacer a principios de año sí, pues yo me hago mi lista con la llegada del buen tiempo. ¿Qué mejor momento para intentar cumplirlos que cuando tu ánimo está por las nubes? Y como algunos de ellos tienen que ver con vernos mejor pues la motivación ahora sí que es grande, y no cuando disimulamos bajo el abrigo y el jersey de lana.
En primavera solo cosas bonitas pueden pasar, y además es preludio de la que es mi estación favorita, el verano. Valoramos más la vida, así que vamos a vivirla, a disfrutar el presente y algo muy importante, no dejar nunca de sonreir. El mañana ya vendrá.
¡A disfrutar!
» Podrán cortar las flores, pero no podrán detener la primavera». Pablo Neruda.
Os voy a contar una historia, narrada por mi madre. Aunque se adivina, luego veréis por qué.
«¿Quien no recuerda los buenos ratos que pasamos contemplando la divertida serie Los Picapiedra? Eso fue lo que acudió a la mente de mi hijo Juan cuando le enseñé entusiasmada nuestro camisón. ¡Anda, me recuerda a Wilma! Y de inmediato le adjudiqué el nombre. Me vino a la memoria aquella antepasada, un recuerdo en el largo túnel del tiempo que me condujo a aquella mujer trabajadora, generosa y despierta, mujer poderosa y cargada de misterios, que aunque no conseguía respuestas a todas sus preguntas desempeñaba a la perfección sus funciones en el clan. Y seguro que ya, en esos momentos, mantenía las características que sus «nietas» actuales atesoramos. Un enorme deseo de verse bien, de encontrarse hermosa para ella y para los demás. En especial para ese macho fuerte y sano que le permitiría abundante prole y alimentos para criarlos.
Seguro que cuando preparaba las pieles que protegerían sus cuerpos dejaría las de más abrigo para su prole y su pareja, y para ella apartaría las que más suavidad atesoraran, las que mejor se adaptaran a las formas de su cuerpo.
Y al final del día, cuando las tareas de supervivencia del clan estuvieran terminadas, al rescoldo del fuego y en un rincon de la cueva, me la imagino acomodando a su cuerpo esas pieles que con tanto esmero había trabajado, e intentando adivinar el efecto que producirían en las demás, al ser contempladas.
¡Cosas de mujeres!»
Como veis mi madre no puede escribir mejor, así que le iré robando palabras para compartirlas con vosotros.
Cuando nació Anocheció queríamos que todas y cada una de nuestras prendas fueran especiales. Todas tienen un por qué, y todas tienen una historía detrás que se adivina por el nombre con el que están bautizadas.
Esta es la historia de uno de nuestros camisones, de los primeros que diseñamos, y como muy bien narra mi madre el nombre no admitía dudas. También es una de las prendas que más cariño tenemos, porque este divertido diseño fue el principio de este proyecto en el que nos embarcamos hace unos meses, y en el que nos encontramos con la misma ilusión del primer día.
¿Os gusta nuestro modelo Wilma?
A través de este blog os iré contando todas esas historias que nos sirvieron de inspiración y que por ello forman parte de nuestra firma a través de los nombres que bautizan nuestros diseños. Todas ellas forman este sueño hecho realidad llamado Anocheció.
«Una vez al año ve a algún lugar en el que no hayas estado antes». Dalai Lama.
Este pasado fín de semana tocó escapadita. Creo que viajar es una de las mejores cosas que existen, de las mejores escuelas, a mi me encanta y siempre que puedo aprovecho cualquier ocasión para hacerlo.
Con este post aprovecho para contaros mi viaje y mostraros un poquito más de mí, cosa que no había hecho hasta ahora. Así que aquí va…
El lugar elegido en esta ocasión fué Berlín, una de las capitales europeas más interesantes en la actualidad. Y el viaje de tres días, de jueves a domingo.
El día que llegamos nos dió tiempo para poco al llegar allí bien entrada la tarde, pero aprovechando que nuestro hotel estaba bastante céntrico dimos un paseo y cenamos por los alrededores de Alexanderplatz, gran plaza y atracción turística situada en el centro de la ciudad, además de punto de encuentro en casi todas las ocasiones.
El viernes después de un abundante desayuno, fundamental para mí si voy a pasar un día sin parar, nos dispusimos a pasar la jornada conociendo los sitios imprescindibles de la ciudad.
Comenzamos con los orígenes de Berlín en el barrio de San Nicolás. Seguimos hacia la Isla de los Museos, uno de los conjuntos museísticos más importantes del mundo y declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y la catedral protestante de Berlín. (Intentamos por la tarde visitar el museo de Pérgamo, pero por únicamente cinco minutos no pudimos comprar el ticket de entrada. Lloramos un poco a ver si conseguíamos pasar pero fué imposible).
Paseamos por la avenida de los káisers, Unter den Linden, pasando por la Universidad de Humboldt, la Biblioteca Real, la Ópera Estatal y por la que con sus dos iglesias gemelas es sin duda la plaza más bonita de Berlín, la Gendarmenmarkt. El edificio central de la plaza es el Konzerthaus; en el lado norte está la Französischer Dom (Catedral Francesa) y en el lado sur la Deutscher Dom (Catedral Alemana).
Conocimos los detalles de la subida de Hitler al poder y vimos los restos del cuartel general de la GESTAPO, lo que queda del famoso muro de Berlín y el Checkpoint Charlie, que era uno de los puntos para cruzar de un lado al otro de Berlín en la época del muro, y donde se puede ver todavía en el suelo por donde pasaba el mismo. Y recordamos el Holocausto Judío con su monumento conmemorativo.
El Monumento al Holocáusto es un laberinto que recuerda la triste historia que marcó a todo un pueblo durante aquellos tenebrosos años de la II Guera Mundial. A mi personalmente me pareció sobrecogedor. Al igual que otros muchos monumentos está construido como símbolo del arrepentimiento que han demostrado los alemanes tras su oscuro episodio en la historia. Está compuesto por 2.711 losas de hormigón que ocupan una superficie de 19.000 metros cuadrados. Las losas tienen distintas alturas y están diseñadas para crear una atmósfera incómoda y confusa. Ha sido incluso más criticado que alabado. Por su cercanía a la Puerta de Brandemburgo (unos cien metros), por su nombre (qué pasa con el resto de las personas no judías que también estuvieron discriminadas), por el material que está construido o incluso por la empresa que lo levantó.
Antes de llegar y finalizar la excursión del día en la Puerta de Brandemburgo vimos también la espectacular Potsdamer Platz, una de las plazas más bulliciosas de Berlín en el pasado que quedó arrasada durante la Segunda Guerra Mundial y partida en dos por el muro de Berlín. Posee el primer semáforo de Europa.
La visita terminó en la famosa Puerta de Brandenburgo, antigua puerta de entrada a Berlín y convertida en símbolo de la unidad de Alemania desde la caída del Muro.
El sábado por la mañana fuimos a conocer el campo de concentración de Sachsenhausen y por la tarde dimos un paseo por el barrio judio.
Del campo de concentración prefiero no comentar mucho, ni mostraré fotos, pero os podéis imaginar la duerza del sitio. Yo personalmente tenía muchos reparos, pero por muy complicada que fuera la visita, mal que nos pese es historia, y había que conocerlo estando allí.
Al estar éste en las afueras de la ciudad, entre que llegamos, visitamos y volvimos, la excursión terminó pasadas las cuatro de la tarde, por lo que sin tiempo siquiera para comer comenzamos la visita al barrio judio, famoso por sus patios y galerías de arte.
Qué decir de el, me encantó. La comunidad judía siempre ha estado presente desde la fundación de la ciudad, si bien es cierto que ha tenido sus buenos y malos momentos, siendo tristemente por todos conocido el periodo más oscuro y cruel, el Nazismo.
Punto en el que tuvieron lugar los fatales acontecimientos de La Noche de los Cristales Rotos, hoy en día es uno de los lugares más queridos y carismáticos de Berlín.
Barrio de gran riqueza arquitectónica, es una de las zonas más visitadas en la actualidad. La Nueva Sinagoga, construida entre 1859 y 1866, y en la que destaca su cúpula dorada me pareció una maravilla, lástima que se nos hizo de noche y las fotos no reflejan bien la belleza de la misma y de la zona en general por la falta de luz.
Poblado de monumentos conmemorativos, el que más me llamó la atención fue el llamado «Piedras del tropiezo» (abajo podéis ver foto), consistente en unas placas de bronce del tamaño de una piedra que identifican por su nombre a víctimas de los nazis frente a sus antiguas viviendas. Su nombre se debe a que uno se topa con ellas cuando camina por la ciudad. 5.000 adoquines dorados se estiman en Berlín y 40.000 más repartidos en centenares de ciudades europeas de Polonia, Hungría, Ucrania, Noruega e Italia. Este proyecto sigue en marcha en la actualidad.
Mención especial merece por su lado humano Otto Weidt, que creó un taller de fabricación de cepillos y escobas en el que empleaba a ciegos y sordos con el afán de que allí pudieran aprender oficios y valerse por sí mismos. Posteriormente comenzó a cobijar a ciegos y sordos que, además, fueran judíos. Y que en los peores momentos de persecución llegó a esconder a familias enteras en su taller, sobornando a funcionarios para conseguir documentación falsa y documentos de trabajo. Vendía parte de su producción en el mercado negro por conseguir dinero extra y comprar alimentos para las personas a las que acogía. Su historía aparece reflejada en su museo-taller.
Y en este sitio tan especial terminó nuestro intenso día de excursiones. Tocó cenar algo con una típica cerveza alemana y a descansar.
El domingo no dió tiempo para nada, desayuno en el hotel, con sonrisa incluida en el buffet y camino al aeropuerto para regresar a Madrid.
Por muy cansada que vuelva a casa en este tipo de viajes en los que no paras ni un segundo por aprovechar el tiempo al máximo, siempre merecen la pena. Ahora a esperar al próximo…
Podría contaros más cosas pero este post sería ya demasiado denso, así que hasta aquí mi crónica. Espero que os haya gustado.
……………………………….
Como la música me encanta os voy a dejar con una canción que me tiene totalmente enganchada.
Desde hace muchos años soy adicta al «pildoreo vario», esas pastillas llamadas complementos vitamínicos y que gracias a ellas nuestra apariencia física resplandece. Por no decir nuestro interior.
Me basta leer un eslogan en alguna revista o similar tipo «resultados visibles la segunda semana» o «consigue el bronceado más intenso» que ahí estoy yo, en la farmacia, herbolario o sección de parafarmacia de centro comercial más cercano comprando el suplemento en cuestión. Me he encontrado en más de una temporada con tres tipos de complejos distintos, que si el pelo, que si la piel, que si el control del peso, que si el antienvejecimiento, o que si la preparación, intensificación o mantenimiento del bronceado. Vamos, para todos los gustos. Y a esto añádele la dificultad de tener distintos horarios de ingesta, con lo que ello implica.
Por la mañana y por la noche toca pelo, piel y regeneración celular gracias a la uva, el aceite de onagra, la levadura, la vitamina B o la zanahoria . Y mediodía y noche antes de comer o cenar suplemento adelgazante con la alcahofa y el chitosán, como si no fuera mucho más efectivo en muchos casos llevar una dieta equilibrada y dedicarte a comer de manera más saludable.
Después está la preocupación de no saltarte ninguna toma. Yo cuando empiezo a fallar con un simple olvido mal voy, no me sucede una vez, se convierte en algo continuo. ¿Y qué pasa? Que la regla básica de la efectividad es ser constante. Malo.
Mención aparte merece cuando sales de viaje, sea un fin de semana o un mes. Salir de casa es lo peor. El bolso se convierte en recipiente de píldoras y tabletas o sobres varios. Puedes hacer dos cosas, o llevarte la caja entera, o dedicarte previamente a contar el número de píldoras que vas a necesitar durante los días que vas a estar fuera. Y en ambas opciones, ¿para qué? Ya te lo digo, para nada. En mi caso el número de días en los que he tomado el complemento de rigor durante los días que he estado fuera han sido exáctamente dos. Así que he decidido que cuando salga de casa mi bolso solo va a llevar las cosas varias que llevamos las mujeres, que no son pocas, tipo monedero, pintalabios, móvil y ese etc más o menos largo según la elección cada una. Eso sí, lo decidí hace quince días y por desgracia no he podido todavía llevarlo a cabo.
Pero en resumen, aunque haya reducido de manera considerable el número de complementos vitamínicos que tomo en mi día a día nunca los dejaré, ya son parte de mí. Y os diré algo, jamás se me rompe una uña, tengo una piel bastante aceptable, y a pesar de la caída típica en los cambios de estación, cuando alguien a quien no he visto desde hace tiempo me ve lo primero que me dice es: menudo melenón. Este comentario me compensa todo lo demás.